17 February 2014

ANECDOTAS BONITAS

Pastillita para el Alma 17-02-14

Allá por los años sin número, sin identificación en el tiempo, era peculiar que el Gobierno

Central, no podía controlar a los pueblos alejados y aislados, sin vías de comunicación,

en los que imperaba un cierto grado de caudillaje, de familias con ínfulas aristocráticas,


que basándose en la ignorancia de sus conciudadanos, dominaban sus conciencias, sus

ilusiones y aún sus propiedades.

Estos terratenientes eran los eternos representantes al Parlamento que se hacían elegir,

por el voto obligado de sus peones, compadres, caporales o mayorales.

En cierta ocasión, dos personajes, enemigos acérrimos, transitaban en la calle de El

Comercio y tenían que encontrarse indefectiblemente frente a frente, ante la expectativa

de sus simpatizantes que los seguían, para contemplar su encuentro. Uno de ellos, el

más agresivo y menos hábil, con voz fuerte y desafiante, dijo: "Yo no doy la vereda a

los perros" y después de un silencio tenso y expectante, en el que se intercambiaban

miradas desafiantes, fue respondido, con el mismo timbre de voz, "En cambio…, yo sí"

y siguió con su andar, pausado y elegante, silbando un vals, saludando con su sombrero

borsalinos, ante la algarabía de sus seguidores. Aquí triunfó la sorpresa y la lentitud de

reacción proporcional al grado de cultura.

Por los años 64 o 65, el Colegio Seminario de Jesús María, instauró un examen de

entrevista a los niñitos postulantes al Primer grado, en presencia de los padres de familia.

"A ver niño ¿cómo es tu nombre? “Ernesto profe”. ¿Cuántos hermanos tienes?

3 profe. ¿Dónde vives? En mi casa, profe. Claro hijo, pero ¿cuál es tu dirección,

en que calle vives? El niño se quedó en silencio. El profesor para ayudarlo, le dice:

Todas las calles tienen su nombre, entonces dime hijo ¿en dónde está tu

casa?” “ Chao profe como no vaste a saber, si ayer toda la tarde, aste estao

borracho en mi casa". Hay preguntas que no se deben hacer a los niños.

En la piscina del Centro Escolar de Varones, el profesor de Educación Física, juntamente

con un estricto jurado, tomaba el examen final de natación. Algunos sabían nadar y otros

que nunca fueron peces en el agua, para aprobar, tenían que arrojarse parados a la

piscina. Uno de ellos, del 5o de secundaria, llegaba hasta el canto y ni siquiera hacía el

intento. Un conspicuo miembro del jurado, para animar al alumno y con la sana intención

de aprobarlo, le dijo: "Vamos Pedro, no tengas miedo, yo ayer lo he traído a mi

hijo de 2 años y lo he arrojado" "Seguro profe, borracho abraste estao". Pobre

Pedro, llevó el curso de cargo hasta marzo. Mi duda es, lo jalaron ¿por qué no se arrojó o

dijo alguna verdad?

Los guayachos son oriundos de la provincia de Rodríguez de Mendoza, por donde pasa

el río Guayabamba, de allí sus apelativos. Casi todos son gente blanca, rubios, de ojos

verdes, de una presencia envidiable, de mujeres hermosas, con un estilo original de

hablar, pero, por su bondad, les endilgan frases, que estoy seguro no dicen, pero los

chachas les atribuyen para molestarlos.

Una de ellas, Abela, llega a su vecina y le dice: "Comadre Paola, que salada

soy, ahora quiero regar mi jardín y la lluvia no me deja". "No te preocupes

comadrita, porque te voy a prestar mi paraguas paque riegues y no te mojes".

Estas son soluciones prontas ante problemas inevitables. Los nombres de estas dos

personas, para algunos no les dirán nada, pero para mí, significan mucho y las tengo

mucho aprecio.

Un lemichito se encuentra con su médico después de mucho tiempo. “¿Cómo estás

doctorcito? Bien hijo. No te duele nada. Nada hijo. No sufreste de la presión, del

colesterol, del reumatismo. De nada hijo. Entonces sanito se vaste a morir. La muerte

tarde o temprano llega a todos.

Cuando no había los amplificadores de hoy en día, don Hipólito, un exitoso comerciante,

había asistido a un mitin político en la plaza de Acho, por los años 45, donde un orador

famoso de ese entonces, arengaba con vehemencia a sus seguidores dentro de las vivas

y aplausos de los mismos. Don Hipólito, estaba muy impresionado y cuando regresó

a Chachapoyas, no se cansaba de decir "Pero, que bruto, que lindo hablaba ese

hombre, si lo hubiesen oído" y repetía a cada instante, hasta que mi Viejo, le preguntó

"Pero que es lo que dicho, paisano" y don Hipólito, muy suelto de huesos respondía:

"Cómo voy a saber, pues paisita, si estaba muy lejos para oírlo, pero que bien

hablaba". Marcando una gran diferencia entre oír y escuchar.

El inolvidable y popular Chita, que ahora radica en USA, en cierta oportunidad, ante

la ansiedad de mi hermano por vender unos toretes finos traídos de la hacienda, le

dice: “Tocayo en la Comandancia hay un sargento que está loco por comprar

urgente un toro reproductor para mejorar su raza”. Mi hermano ni corto ni

perezoso acudió a ofrecerle en la oficina delante de todos sus subalternos, quiénes se

rieron a mandíbula batiente y el enfado del supuesto comprador, porque su apodo era

"Vaca". Enseñanza, nunca te confíes de tus tocayos y menos si son famosos por sus

bromas.

El dicho de “gallina que come huevo, aunque lo quemen el pico” motivó para que un

comerciante traiga de la Costa huevos de plomo para engañar a las gallinas. En cierta

ocasión llegó a la tienda del respetable comerciante, una señora que tenía gallinas

con ese defecto y le dijo “Don Gabriel, ¿tieneste huevos de plomo? Recibiendo la

siguiente respuesta... “Hijita aunque ahora ya no sirven para nada, pero son de

carne, ¿Si quieres tócalos?... “tay lo que siaseste, don Gabriel”. Respuestas

sabias y fáciles de comprobar para los incrédulos.

En esos tiempos había el Banco Amazónico y su administrador, era un personaje

muy simpático, que al saber que su vecino de 85 años se casaba con una ñusta de

25, se atrevió a preguntarle, cómo iba a funcionar en su noche de bodas, a lo que le

respondió. “No te preocupes cholito, haré el intento, aunque este condenau

en el momento preciso, se humilla, el maldiciau”. Respuesta elocuente para los

curiosos.

Esta va con nombres propios, con las disculpas del caso. Don Roberto Matos, un

próspero comerciante y empresario llevó una máquina de cine de 16 mm a Rodríguez

de Mendoza y lo instaló en la casa de don Emiliano Vargas y creo que fue don Neiro

Collazos, el que compró el equipo, o era el que lo administraba, pero lo cierto, es que,

cuando la luz se iba o había un defecto en la proyección, don Neiro, subía al escenario y

decía: “No se preocupen muchachos, yo les cuento el final, porque yo ya lo he

visto” y les relataba con lujo de detalles y el público salía contento, diciendo “Ahora si

recién comprendí la película” Nobleza de nuestro pueblo y mentalidad positiva, ante

lo inevitable.

Murió a los 50 años, uno de los hermanos mellizos de una familia de la rancia aristocracia

de nuestro pueblo y como es natural, el velatorio de los restos se realizaba con el más

estricto ritual, con señoras con manto negro cubriéndose la cara, caballeros con traje de

riguroso duelo y las plañideras con sus llantos y lamentos. En la cabecera del féretro,

entre las azucenas y los claveles, el hermano mellizo, que era abogado sin título, muy

serio y circunspecto, con pañuelo blanco, secándose las lágrimas. En la puerta de la casa

un farolito de luz parpadeante anunciaba el dolor de la familia y señalaba que la casa

estaba de luto. Una señora humilde, esposa de uno de los peones de la hacienda de los

señores, ingresa a la sala y con llanto muy melancólico, arrodillándose frente al ataúd,

empieza a gemir y llantear y viendo al sobreviviente, dice:”Lao mi quellamito, que se ha

muerto, que era tan buenito, siempre nos regalaba nuestro arrocito, nuestros fideitos,

nuestra ropita. Por qué es que se ha muerto él, que era tan buenito, porque en su remplaz

no siá muerto este viejo malo, que nos aborrece y nos quita nuestros choclitos y nuestros

frejolitos”… La pobre mujer desapareció por obra de magia de la sala y los llantos de las

damas “aumentaron” debajo de los mantos, las lágrimas caían a raudales… dejándonos…

la duda, si ¿era llanto o risa disimulada?

Esto es solo una muestra, del rico acerbo cultural de nuestra tierra bendita, que con frases

mal hilvanadas, me atrevo a relatarlas, pidiendo disculpas a muchas de las personas que

se van a ver identificadas por mis relatos y a las mismas, que las expreso, todo mi respeto

y admiración y les invoco que comprendan que nunca tendré un afán de ofender.

Jorge REINA Noriega

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